sábado, 4 de abril de 2026

El maestro dice que está prohibido olvidar

2007 era mi segundo año de docencia. De Neuquén conocía solo la cordillera, teóricamente, por fotos de los libros de geografía y de amigas que habían tenido la suerte de acampar en Junín de los Andes, en el camping Laura Vicuña, cuando íbamos a séptimo grado.

Por una pareja de amigos docentes recién llegados a San martín, sabíamos que las medidas de fuerza se endurecían y que la respuesta del gobernador Sobisch oscilaba entre la indiferencia y la agresividad.

No sabíamos que la realidad era mucho peor. Las asambleas habían definido, ese 4 de abril, cortar la ruta 22 en la previa de Semana Santa. El gobernador, a pedido expreso de hoteleros y afines, dispuso que se despejaran los cortes.

Se desplegaron las fuerzas policiales, con balas de goma y gases. Persiguieron a los manifestantes e incluso tras un impass, en el que los docentes comenzaron a retirarse, se adelantaron a ellos y reanudaron la represión.

Es en ese escenario que José Darío Poblete disparó una granada de gas lacrimógeno hacia el Fiat 147 en el que viajaba Carlos Fuentealba y le hundió el cráneo, provocando su muerte.

Nos conmovió profundamente en ese momento y se dieron grandes movilizaciones en todo el país. Personalmente, no recuerdo en Bahía Blanca una marcha mayor, excepto (según dicen) el Escuelazo de 2001.

Ahora nos continúa conmoviendo la falta de justicia completa, pues los responsables políticos siguen impunes y con el descaro de presentarse a elecciones. Nos conmueve aun que un cargo docente, en los inicios de la carrera, no garantice un ingreso que permita acceder a techo y comida. Nos conmueve que en la provincia de Vaca Muerta haya escuelas sin edificio propio, sin gas, o con instalaciones de cloacas, de agua, de luz y de gas en condiciones francamente peligrosas y con un monto ínfimo destinado a la colación de los pibes y las pibas.

Sus reclamos son todavía los nuestros, porque poco ha cambiado y la desidia ya ha provocado nuevas muertes, como las de Mónica Jara, Nicolás Francés y Mariano Spinedi, en la explosión en Aguada San Roque.

Y seguiremos recordando y pidiendo justicia por él, por Mónica, Nicolás y Mariano y por todos nuestros alumnos y alumnas, por nuestros hijos e hijas, que merecen educarse en condiciones dignas y seguras.

Porque algo nos enseñó Carlos y es a no olvidar.



viernes, 3 de abril de 2026

El cascabel al gato

Quienes me conocen, saben que me encantan los gatos. Son tiernos, peluditos, mimosos, pero también furiosamente independientes y hasta agresivos. No son nuestros incondicionales, sino que nos eligen.

Quienes tenemos gato, sabemos lo difícil que es atraparlos si están decididos a escapar. La pregunta proverbial que da cuenta de una tarea difícil es "¿Quién le pone el cascabel al gato?" Difícilmente puede llevarse a cabo la acción de marcar sonoramente a bichos tan elusivos.

Hoy la situación es tremenda y compleja, aunque esté naturalizada. La muerte de Zahir no es la primera de la que he sabido en este pueblo. Al menos una vez por año, ocurre una situación de este tipo: un/una adolescente se quita o intenta quitarse la vida. Ha sido así en los últimos quince años, desde que vivo en San Martín de los Andes, pero sucede desde hace mucho, por lo que me han dicho y lo que he leído al respecto.

Hoy los pibes y las pibas reclaman salud mental YA. No quieren indiferencia. No quieren parches.

A pesar de que se apunta directamente a Salud, propongo otro camino para pensar sobre esto. Cargar de responsabilidades a un único sector es tan insensato como intentar atrapar al gato enfrentándolo abiertamente. Para atraparlo, hay que ser astutos y observar muchas variables.

Los pibes y las pibas denuncian que el acceso a la salud mental es difícil, tarda demasiado en llegar y que eso muestra la indiferencia del sistema hacia ellos y sus problemáticas. Tienen razón, pero hay factores que no podemos dejar afuera al pensar en esto.

Acceder a la salud mental siempre, pero ahora más que nunca, es también una cuestión económica. Ir a terapia es caro, solo al alcance de quienes disponen de dinero y tiempo (dos caras de la misma moneda) para ello. Cuidar la salud mental apoyándose únicamente en el sistema público de salud, que está pauperizado y sobrepasado, es virtualmente insostenible.

La salud no opera fuera de la realidad. Profesionales excedidos, mal pagos, a la deriva en este escenario socio-económico que se mueve al son del "sálvese quien pueda," son quienes esperamos que atiendan las urgencias de las adolescencias. Poco pueden hacer, aun con un máximo de esfuerzo, contra los imperativos de una sociedad que les exige una estabilidad que no les brinda.

Lo mismo vale para nuestros adolescentes: a los trece, se espera de ellos el ejercicio de una independencia y un equilibrio que aun están construyendo. Todo esto en soledad, sin el acompañamiento y el amparo de los adultos, que están sometidos a similares intemperies.

A la problemática adolescente histórica, se sumaron la violencia y la ansiedad que potencian las redes sociales, en las que se nutre una idea de país y de mundo despiadada e individualista. Y las únicas normas pensadas para hacerle frente fueron la prohibición del uso de celulares en el ámbito escolar y la baja de la edad de imputabilidad. Medidas represivas cuando lo que hace falta son medidas de cuidado.

¿Quién es el responsable de amparar a infancias y adolescencias? ¿Alcanza con señalar las fallas del sistema? ¿Qué soluciones podemos ensayar? ¿Es posible y sustentable construir alternativas a nivel individual? ¿Se pueden pensar modos de sostén comunitario, más estables y que nos trasciendan? 

Los pibes y pibas dicen que solos no pueden. Nosotros, ¿podemos solos ponerle el cascabel al gato? ¿No habrá llegado el momento de sumar ideas y esfuerzos y de construir todos verdaderas políticas y dinámicas de cuidado?


jueves, 2 de abril de 2026

Hoy la clase la dan los pibes y pibas

 


Hace dos horas, adolescentes autoconvocados se reunieron en la Plaza Sarmiento, bajo este radiante sol de otoño, eligiendo invertir su tiempo libre en encontrarse.

Seguro hubo una cantidad de celulares tal en ese encuentro que sonrojaría a nuestros legisladores provinciales, cuya imaginación solo alcanza para establecer prohibiciones, en lo que se refiere a los chicos y chicas neuquinos. (De su necesidad de cuidados, espacios seguros y salud mental  poco se habla en la legislatura, extrañamente.)

Estos celulares, raíz de muchos males, fueron en estos días el medio que permitió a los pibes y pibas organizarse más allá de las inexpugnables paredes de nuestras escuelas.

Aun no sé cuántos fueron, de qué se trató la intervención de expertos ni quién hizo uso del micrófono abierto. Ellos necesitan hoy que los veamos y escuchemos a ellos. Hoy son ellos los que nos dan la clase a los grandes.

En la semana, si gustan, me contarán. O lo charlaré con compañeros y compañeras docentes que fueron invitados a participar.

Porque más allá de que esta convocatoria surge del dolor, es voz, es palabra naciendo, es red concreta (no solo virtual) tejiéndose en tiempo real.

Y me siento muy orgullosa de estas personas que hoy, en tiempos de individualismo descarnado, eligen ser comunidad, de pie, con sus inquietudes y demandas.

Les deseo que sigan encontrándose y haciendo oír sus preguntas y sus verdades. Que este no sea un final, sino apenas la introducción de la historia del mundo que hay que (re)construir, el que nuestros pibes y pibas anhelan.

A los adultos nos toca escuchar, aprender y hacernos responsables.

domingo, 30 de abril de 2017

4 para 40

Esos son los que me faltan para tener los de las Madres.
Para tener su valor, para ser lucha y amor, me faltan muchos muchos más.
40 millones de razones para saberlas imprescindibles.
#madresdelaplazaelpueblolasabraza 

domingo, 5 de marzo de 2017

Mi camino peligroso

Mi camino se inició con las novelas bobas de Billiken, pero un día leí a Tolkien. Y otro día las historietas de Gaiman. Y después sus libros. Y como si nada empecé este camino. Trataré de seguir todos sus consejos:
Tocá el portón de madera en la pared que no habías visto nunca antes.
Decí “por favor” antes de abrir el cerrojo,
pasá,
caminá por el sendero.
Un rojo diablillo de metal cuelga de la puerta principal pintada de verde
como llamador.
No lo toques, te va a morder los dedos.
Caminá por la casa. No agarres nada.
No comas nada.
Sin embargo, si alguna criatura te dice que tiene hambre,
alimentala.
Si te dice que está sucia,
lavala.
Si se lamenta de que tiene dolor,
si podés,
aliviáselo.
Desde el jardín trasero vas a poder ver
el bosque.
El profundo aljibe por al lado del cual pasás lleva
al reino del Inviero;
hay otra tierra al fondo de él.
Si das la vuelta aquí,
podés volver a salvo;
no vas a perder honor. No voy a pensar menos de vos.
Una vez que hayas cruzado el jardín, vas a estar en
el bosque.
Los árboles son viejos. Ojos miran desde la maleza.
Debajo de un roble retorcido se sienta una anciana.
Puede que te pida algo;
dáselo.
Ella te va a señalar el camino al castillo.
Adentro de éste hay tres princesas.
No confíes en la menor. Seguí caminando.
En el claro, detrás del castillo, los doce meses
se sientan alrededor del fuego,
calentándose los pies, intercambiando historias.
Puede que te hagan favores si sos cortés.
Puede que recojas frutillas en el frío de julio.
Confía en los lobos, pero no les digas
a dónde vas.
El río se puede cruzar en balsa.
El balsero te llevará.
(Y la respuesta a su pregunta es ésta:
si le da el remo a su pasajero, va a poder ser libre y dejar el bote.
Decile esto sólo desde una distancia segura).
Si un águila te da una pluma, guardala bien.
Acordate: los gigantes dueremen profundamente,
las brujas suelen ser traicionadas por sus apetitos,
los dragones tienen un punto débil, siempre, en algún lugar,
los corazones pueden estar bien escondidos,
pero los traicionás con tu lengua.
No sientas celos de tu hermana.
Sabé que los diamantes y las rosas
son tan incómodos cuando se balancean
de los labios de uno como sapos y ranas:
más fríos, también, y más filosos, y cortan.
Recordá tu nombre.
No pierdas la esperanza -lo que buscás va a ser encontrado-.
Confía en los fantasmas. Confía en que los que ayudaste
te van a ayudar cuando sea su turno.
Confía en los sueños.
Confía en tu corazón, y confía en tu historia.
Cuando estés regresando, volvé por el camino por el que fuiste.
Los favores van a ser devueltos, las deudas, saldadas.
No te olvides de tus modales.
No mires para atrás.
Subite a la sabia águila (no te vas a caer).
Subite al pez plateado (no te vas a ahogar).
Subite al lobo gris (sostenete bien de su pelaje).
Hay un gusano en el corazón de la torre;
es por eso por lo que no va a mantenerse en pie.
Cuando llegues a la casita,
el lugar en el que tu viaje empezó,
la vas a reconocer, aunque te va a parecer
mucho más pequeña de lo que recordabas.
Caminá por el sendero, y por el portón del jardín
al que no habías visto nunca sino una vez.
Y, entonces, volvé a tu hogar. O hacé una hogar.
O descansá.

Neil Gaiman
Touch the wooden gate in the wall you never
saw before.
Say “please” before you open the latch,
go through,
walk down the path.
A red metal imp hangs from the green-painted
front door,
as a knocker,
do not touch it; it will bite your fingers.
Walk through the house. Take nothing. Eat
nothing.
However, if any creature tells you that it hungers,
feed it.
If it tells you that it is dirty,
clean it.
If it cries to you that it hurts,
if you can,
ease its pain.
From the back garden you will be able to see the
wild wood.
The deep well you walk past leads down to Winter’s
realm;
there is another land at the bottom of it.
If you turn around here,
you can walk back, safely;
you will lose no face. I will think no less of you.
Once through the garden you will be in the
wood.
The trees are old. Eyes peer from the undergrowth.
Beneath a twisted oak sits an old woman. She
may ask for something;
give it to her. She
will point the way to the castle.
Inside it are three princesses.
Do not trust the youngest. Walk on.
In the clearing beyond the castle the twelve
months sit about a fire,
warming their feet, exchanging tales.
They may do favors for you, if you are polite.
You may pick strawberries in December’s frost.
Trust the wolves, but do not tell them where
you are going.
The river can be crossed by the ferry. The ferry-
man will take you.
(And the answer to his question is this:
If he hands the oar to his passenger, he will be free to
leave the boat.
Only tell him this from a safe distance.)
If an eagle gives you a feather, keep it safe.
Remember: that giants sleep too soundly; that
witches are often betrayed by their appetites;
dragons have one soft spot, somewhere, always;
hearts can be well-hidden,
and you betray them with your tongue.
Do not be jealous of your sister.
Know that diamonds and roses
are as uncomfortable when they tumble from
one’s lips as toads and frogs:
colder, too, and sharper, and they cut.
Remember your name.
Do not lose hope — what you seek will be found.
Trust ghosts. Trust those that you have helped
to help you in their turn.
Trust dreams.
Trust your heart, and trust your story.
When you come back, return the way you came.
Favors will be returned, debts will be repaid.
Do not forget your manners.
Do not look back.
Ride the wise eagle (you shall not fall).
Ride the silver fish (you will not drown).
Ride the grey wolf (hold tightly to his fur).
There is a worm at the heart of the tower; that is
why it will not stand.
When you reach the little house, the place your
journey started,
you will recognize it, although it will seem
much smaller than you remember.
Walk up the path, and through the garden gate
you never saw before but once.
And then go home. Or make a home.
Or rest.

Neil Gaiman