Hace dos horas,
adolescentes autoconvocados se reunieron en la Plaza Sarmiento, bajo este
radiante sol de otoño, eligiendo invertir su tiempo libre en encontrarse.
Seguro hubo una
cantidad de celulares tal en ese encuentro que sonrojaría a nuestros
legisladores provinciales, cuya imaginación solo alcanza para establecer
prohibiciones, en lo que se refiere a los chicos y chicas neuquinos. (De su
necesidad de cuidados, espacios seguros y salud mental poco se habla en la
legislatura, extrañamente.)
Estos celulares, raíz
de muchos males, fueron en estos días el medio que permitió a los pibes y pibas
organizarse más allá de las inexpugnables paredes de nuestras escuelas.
Aun no sé cuántos
fueron, de qué se trató la intervención de expertos ni quién hizo uso del
micrófono abierto. Ellos necesitan hoy que los veamos y escuchemos a ellos. Hoy
son ellos los que nos dan la clase a los grandes.
En la semana, si
gustan, me contarán. O lo charlaré con compañeros y compañeras docentes que fueron
invitados a participar.
Porque más allá
de que esta convocatoria surge del dolor, es voz, es palabra naciendo, es red
concreta (no solo virtual) tejiéndose en tiempo real.
Y me siento muy
orgullosa de estas personas que hoy, en tiempos de individualismo descarnado,
eligen ser comunidad, de pie, con sus inquietudes y demandas.
Les deseo que
sigan encontrándose y haciendo oír sus preguntas y sus verdades. Que este no
sea un final, sino apenas la introducción de la historia del mundo que hay que (re)construir,
el que nuestros pibes y pibas anhelan.
A los adultos nos
toca escuchar, aprender y hacernos responsables.
No hay comentarios:
Publicar un comentario