Quienes me conocen, saben que me encantan los gatos. Son tiernos, peluditos, mimosos, pero también furiosamente independientes y hasta agresivos. No son nuestros incondicionales, sino que nos eligen.
Quienes tenemos gato, sabemos lo difícil que es atraparlos si están decididos a escapar. La pregunta proverbial que da cuenta de una tarea difícil es "¿Quién le pone el cascabel al gato?" Difícilmente puede llevarse a cabo la acción de marcar sonoramente a bichos tan elusivos.
Hoy la situación es tremenda y compleja, aunque esté naturalizada. La muerte de Zahir no es la primera de la que he sabido en este pueblo. Al menos una vez por año, ocurre una situación de este tipo: un/una adolescente se quita o intenta quitarse la vida. Ha sido así en los últimos quince años, desde que vivo en San Martín de los Andes, pero sucede desde hace mucho, por lo que me han dicho y lo que he leído al respecto.
Hoy los pibes y las pibas reclaman salud mental YA. No quieren indiferencia. No quieren parches.
A pesar de que se apunta directamente a Salud, propongo otro camino para pensar sobre esto. Cargar de responsabilidades a un único sector es tan insensato como intentar atrapar al gato enfrentándolo abiertamente. Para atraparlo, hay que ser astutos y observar muchas variables.
Los pibes y las pibas denuncian que el acceso a la salud mental es difícil, tarda demasiado en llegar y que eso muestra la indiferencia del sistema hacia ellos y sus problemáticas. Tienen razón, pero hay factores que no podemos dejar afuera al pensar en esto.
Acceder a la salud mental siempre, pero ahora más que nunca, es también una cuestión económica. Ir a terapia es caro, solo al alcance de quienes disponen de dinero y tiempo (dos caras de la misma moneda) para ello. Cuidar la salud mental apoyándose únicamente en el sistema público de salud, que está pauperizado y sobrepasado, es virtualmente insostenible.
La salud no opera fuera de la realidad. Profesionales excedidos, mal pagos, a la deriva en este escenario socio-económico que se mueve al son del "sálvese quien pueda," son quienes esperamos que atiendan las urgencias de las adolescencias. Poco pueden hacer, aun con un máximo de esfuerzo, contra los imperativos de una sociedad que les exige una estabilidad que no les brinda.
Lo mismo vale para nuestros adolescentes: a los trece, se espera de ellos el ejercicio de una independencia y un equilibrio que aun están construyendo. Todo esto en soledad, sin el acompañamiento y el amparo de los adultos, que están sometidos a similares intemperies.
A la problemática adolescente histórica, se sumaron la violencia y la ansiedad que potencian las redes sociales, en las que se nutre una idea de país y de mundo despiadada e individualista. Y las únicas normas pensadas para hacerle frente fueron la prohibición del uso de celulares en el ámbito escolar y la baja de la edad de imputabilidad. Medidas represivas cuando lo que hace falta son medidas de cuidado.
¿Quién es el responsable de amparar a infancias y adolescencias? ¿Alcanza con señalar las fallas del sistema? ¿Qué soluciones podemos ensayar? ¿Es posible y sustentable construir alternativas a nivel individual? ¿Se pueden pensar modos de sostén comunitario, más estables y que nos trasciendan?
Los pibes y pibas dicen que solos no pueden. Nosotros, ¿podemos solos ponerle el cascabel al gato? ¿No habrá llegado el momento de sumar ideas y esfuerzos y de construir todos verdaderas políticas y dinámicas de cuidado?
viernes, 3 de abril de 2026
El cascabel al gato
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